Antonio Machado revive en Zamora
De la mano de Punto y Coma Revista, los versos del poeta rememoraron los 150 años desde su nacimiento con la lectura que ofrecieron al público asistente Lola Santos, Fernando Primo, Manuel Ángel Delgado y Marisol Cámara
Los versos del poeta Antonio Machado han revivido su figura y su obra en el recital que Punto y Coma Revista ha organizado recientemente en la Plaza de La Puebla de Sanabria en la ciudad de Zamora, dentro del ciclo cultural «El verano de La Puebla«, organizado por el Ayuntamiento de Zamora y la empresa Thre3max con la pretensión de «reactivar los espacios públicos como lugares de convivencia y vida comunitaria».
El evento desarrollado por el medio digital toresano Punto y Coma Revista conmemoró el 150.° aniversario del nacimiento del insigne poeta Antonio Machado, cuyo nombre está indefectiblemente unido a la poesía excelsa, también sencilla y evocadora, cargada de significado, filosofía y sentimiento. Sus poemas rebosan profundidad y belleza, y se nutren de corrientes como el Modernismo o el Simbolismo. No en vano, Machado es uno de los mayores poetas españoles y uno de los mejores exponentes de la Generación del 98.
El recital poético sobre el poeta sevillano unió algunas de las canciones que Joan Manuel Serrat le dedicó en el disco «Dedicado a Antonio Machado, poeta» y varios de los poemas que Machado escribió a lo largo de su vida, una vida que, literariamente, conforma una especie de círculo que comienza con su infancia, que «son recuerdos de un patio de Sevilla», y finaliza volviendo a ella en el último verso que escribió, «estos días azules y este sol de la infancia».

Este recuerdo especial a Machado se ofreció al público asistente dividido en cuatro apartados que hacían referencia a cuatro aspectos importantes reflejados en la obra de Machado. Así, el primero, dedicado al tema de la infancia, fue ofrecido por la artista Lola Santos, quien señaló que la etapa de la infancia y sus juegos «inspiraron canciones… versos rimados, fugaces, en Machado».
Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera.
…………………………
Yo conocí, siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.
En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.
¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!

El segundo apartado, a cargo del profesor de Lengua y Literatura y escritor Fernando Primo, trató el tema del amor y el desamor, que comenzó con un verso del poema «Retrato» de Machado en el que él mismo se describe en este aspecto: «Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido».
Señaló Primo que la poesía amorosa de Machado tiene su origen en sus dos amores, Leonor Izquierdo, con la que se casó, y que murió apenas tres años después de su boda, y la poeta Pilar de Valderrama, la Guiomar de sus poemas. Además, añadió que «casi toda su obra amorosa la escribe a partir de su pérdida», pues, en palabras del poeta sevillano, «se canta lo que se pierde».
Una noche de verano
-estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa-
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
-ni siquiera me miró-,
con unos dedos muy finos
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!

La soledad, el sueño y Castilla fueron los temas que centraron el bloque ofrecido por el escritor y profesor de Lengua y Literatura Manuel Ángel Delgado, quien explicó que en la poesía de Antonio Machado «hay unas características que recorren sus versos y, en cierta manera, sostienen también su vida», como son «el camino, y algunas de sus variantes, como la huella o el eco; el sueño, y en ocasiones, la otra cara del sueño, que es la muerte; y de una manera constante, el tiempo y el intento de apresarlo, que es el recuerdo«. Por otra parte, indicó que también transmite a su poesía «un carácter reflexivo donde habita la soledad, aunque también la esperanza«.
Desnuda está la tierra,
y el alma aúlla al horizonte pálido
como loba famélica. ¿Qué buscas,
poeta, en el ocaso?
Amargo caminar, porque el camino
pesa en el corazón. ¡El viento helado,
y la noche que llega, y la amargura
de la distancia!… En el camino blanco
algunos yertos árboles negrean;
en los montes lejanos
hay oro y sangre… El sol murió… ¿Qué buscas,
poeta, en el ocaso?

La última sección del recital poético sobre Machado estuvo a cargo de la escritora y directora de Punto y Coma Revista, Marisol Cámara, quien trató sobre sus últimos momentos vitales, mostrados en los poemas «en ocasiones de forma literal y en ocasiones de forma figurada«, y a los que le condujeron de forma inexorable las experiencias amargas, de pérdida, los dolores, la tristeza y la nostalgia, así como el paso de los años.
Estos poemas evidencian la diferencia entre el Machado joven, fuerte, vital, y el Machado que se siente mayor, cansado, vencido por la tristeza, y en ellos recuerda sueños nostálgicos, sobre todo por el amor perdido; presenta símbolos, como el del jardín sin flores, reflejo de su alma cansada; señala que aguarda la muerte, o, incluso, habla sobre su búsqueda de Dios, «que puede entenderse como la afirmación de su fe, pero también como la esperanza de encontrarlo al término de su vida».
Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños…
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.
Sin embargo, resaltó Cámara en la despedida del evento que al final de su vida Machado también tuvo espacio en su corazón para un breve atisbo de esperanza. El aciago día en el que Antonio Machado muere, deja en su bolsillo su verso final. El verso con el que se despide no sólo de la vida que hace tiempo le pesa en el alma, sino también de la escritura.
Por tanto, Cámara dejó que fuera el propio Machado quien se despidiera del público, con el recuerdo nostálgico y la escondida esperanza que se advierten en este último verso…
«Estos días azules y este sol de la infancia«
Fotos Daniel Cámara
Vídeos cedidos

























