Toro, ciudad de gigantes
La localidad cermeña renueva su comparsa festiva con seis nuevas figuras, que corresponden a Fernando el Católico, doña Elvira, el Conde-Duque de Olivares, la reina María de Molina, el Tío Babú y la Labradora toresana
Historia, arte, cultura, tradición y fiesta se han unido nuevamente en la ciudad de Toro para presentar de forma oficial su nueva comparsa de Gigantes, integrada por seis figuras relacionadas con la historia, la tradición y el folclore de la localidad. La Plaza Mayor se llenó de público para conocer, con curiosidad por la renovación de esta comparsa, a los seis nuevos personajes que ya forman parte del patrimonio cultural y festivo local, y que son el rey Fernando el Católico, doña Elvira, el Conde-Duque de Olivares, la reina María de Molina, el Tío Babú y la Labradora toresana, obra del artista Francisco Iglesias Escudero.
Pronto la curiosidad se fue transformando en admiración, conforme se descubría cada nuevo Gigante, que aparecía ante el numeroso público asistente acompañado de un movimiento musical propio, creación magistral del compositor toresano David Rivas Domínguez.
La nueva Comparsa de Gigantes es un encargo realizado por el Ayuntamiento local, como explicó el concejal de Cultura, Javier López Calero, quien aseguró a los ciudadanos que se trata de un proyecto «que nace con la ilusión de enriquecer nuestro patrimonio cultural y festivo, de mantener vivas nuestras tradiciones y de ofrecer a las generaciones presentes y futuras un nuevo motivo de orgullo e identidad para nuestra ciudad». Y es que esta nueva comparsa «es única y exclusiva de nuestra ciudad», y se ha construido de forma artesanal, «respetando y poniendo en valor elementos históricos, artísticos y de la tradición popular».
Se trata de una iniciativa que se ha materializado, apostilló, «gracias al trabajo, la dedicación y el entusiasmo de muchas personas e instituciones», a las que agradeció su implicación y su labor: la Fundación Caja Rural de Zamora; Francisco Iglesias Escudero, coordinador del proyecto; los miembros de la Agrupación Belenista La Morana de Zamora; los artesanos, costureros, tejedores y carpinteros que han participado en la elaboración de los nuevos Gigantes; David Rivas Domínguez, compositor de la «maravillosa obra» musical, propia de la comparsa; la Asociación Banda de Música La Lira de Toro, cuyos miembros dotan de vida la pieza escrita por Rivas; los portadores de los Gigantes, «por su interés y esfuerzo», y El Santo Job, por el cartel de la presentación.
El coordinador del proyecto, Francisco Iglesias Escudero, es licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, profesor en el I.E.S. Pardo Tavera de Toro y preside la Agrupación Belenista La Morana de Zamora. Destacó, al inicio de su intervención, que la creación de los seis Gigantes ha supuesto «un reto», puesto que se ha contado para ello con un tiempo «escaso», y es que se ha realizado en «menos de un año». Además, reconoció que su mayor acierto ha consistido «en saberme rodear y haber elegido para acompañarme en él a las personas ideales, idóneas, para poder materializar todo lo que conlleva la complejidad de esta gran obra«, personas a las que agradeció «su trabajo, su ilusión y su destreza, su oficio».
Por lo que respecta a las figuras, un proyecto «precioso y detallista», cuya elaboración aúna «diversas facetas, destrezas, artes y artesanías», indicó que miden 3,20 metros de altura y alcanzan un peso de unos 40 o 45 kilos cada una. Y en cuanto a su elaboración, señaló que primero se dibujó un boceto, que después se pasó a un modelo en barro y, finalmente, se llevó a la fibra de poliéster para crear estas figuras «magníficas y de una calidad extraordinaria «. Y es que las figuras suponen una combinación de fidelidad histórica y de excelencia artesanal, pues su elaboración se compone de estructuras ligeras fabricadas en fibra de vidrio y poliéster, de la policromía realizada a mano y de la vestimenta confeccionada con tejidos nobles.
Por su parte, el compositor toresano David Rivas Domínguez ha creado la música que acompañará a la nueva comparsa por las calles de la ciudad y que se estrenó durante la presentación de los Gigantes. Resaltó que supone «un honor estar en mi casa, en mi tierra, y poder llevar a cabo este estreno». En este sentido, hizo un agradecimiento especial a «mi querida Banda de Música La Lira» y a su director, Jairo del Río, «el maestro que hoy está tocando la trompa como uno más y me cede la batuta, lo cual es un auténtico honor». Y es que, aseguró, «sin ellos, el papel sería inerte y mi música no cobraría vida».
La obra, una suite titulada Gigantes de Toro, está compuesta por varios movimientos. Así, en primer lugar, aparece una introducción, a modo de promenade, como presentación, y, después, cada Gigante tiene su propio movimiento, una música propia que lo acompaña.
También precisó que no había querido escribir una música «sin más», sino que su propósito había sido «basarme en el pasado majestuoso medieval de la ciudad y tratar de evocar con la música, no sólo al personaje sino al ambiente que podía haber en el Toro de aquella época«, rematando con música de corte más popular para los dos últimos, el Tío Babú y la Labradora, «que son los personajes más populares».

Finalmente, el representante de la Fundación Caja Rural de Zamora, Narciso Prieto, recalcó que «hoy es un día de fiesta, el ejemplo perfecto de lo que es un proyecto con una partitura perfecta, con dos auténticos genios, como son David y Francisco, y todos los demás nos hemos puesto a la orden para que hoy Toro se haga mucho más grande a través de su tradición y a través de algo que nos va a emocionar y que nos va a llenar a todos de orgullo».
A continuación, y siguiendo los compases que marcaba la Banda La Lira con Gigantes de Toro, bajo la dirección de su autor, David Rivas, para cada uno de los integrantes de la nueva comparsa, fueron apareciendo los diferentes Gigantones en la Glorieta, donde se presentaron por primera vez ante el público toresano. Cabe destacar el mimo y el detalle con el que los portadores de los Gigantes los dotan de movimiento, pues cada uno de los personajes camina y baila con pasos distintos, al modo en el que corresponde al carácter de cada uno de ellos.
Por otro lado, la aparición de cada Gigante estuvo acompañada también por la descripción ofrecida por varios concejales del Ayuntamiento toresano, José Lorenzo Sevillano, María Velasco, Javier Gómez, Ángeles Medina, Francisco Rodríguez y Ruth Martín, quienes fueron aportando detalles sobre la historia y el significado que cada una de las figuras representa para la ciudad de Toro.
La primera figura fue el rey Fernando el Católico, Fernando II de Aragón, cuya imagen está inspirada en el cuadro realizado por Bernardino Montañés y Pérez en 1848 y que custodia el Museo del Prado. Para su realización se ha llevado a cabo con el «máximo rigor» su vestimenta profusa en detalles. Simboliza la unidad y la presencia de Toro en los momentos más notables de la Historia.
La segunda fue la correspondiente a Doña Elvira, noble del siglo XI, Señora de Toro por deseo de sus padres, Fernando I de León y Doña Sancha, que es símbolo de piedad, virtud y «poder femenino». Francisco Iglesias explicó que aparece «vestida de Colegiata», puesto que «nos hemos inspirado en el Pórtico de la Majestad, en sus adornos» para elaborar los dibujos que muestra su vestuario, así como en los frescos de la bóveda de San Isidoro de León, lugar en el que está enterrada.
El Gigante del Conde-Duque de Olivares, que refleja el «esplendor barroco» y «el peso político y económico» de Toro, se ha inspirado en varios de los retratos que realizó Diego Velázquez, también ubicados en el Museo del Prado. Luce un traje de corte a la española, propio del reinado de Felipe IV, de color negro, «muy al uso de la moda cortesana de aquella época».

La talla de la reina María de Molina, esposa del rey Sancho IV de Castilla, lleva un vestuario «también inspirado en los modelos de la Colegiata, en esos frisos del Pórtico de la Majestad». Además, para ella se ha confeccionado una copia fidedigna de la corona de la Virgen del parteluz de la Colegiata, «que porta el Gigante en su cabeza». Esta reina muestra sabiduría y prudencia y se encuentra vinculada al legado histórico de la ciudad toresana.
Y los dos últimos Gigantes de la comparsa representan al Tío Babú y a la Labradora de Toro, con la intención de dedicar estos dos personajes a la rica tradición toresana. El Tío Babú es un entrañable personaje del imaginario popular, el personaje que protagoniza «la copla más cantada, el himno oficioso tanto de la ciudad de Toro como de una parte de la provincia de Zamora»; se trata de una copla recopilada por el Maestro Haedo en 1920, en la que «el pintor Gallego Marquina decía en una anotación que el Tío Babú había existido realmente». Pero, real o no, el Tío Babú representa en la tradición toresana al campesino toresano, humilde y con «su espíritu alegre y trabajador».
Por su parte, la Labradora toresana supone un homenaje a las mujeres del campo, un «símbolo de identidad, esfuerzo y raíz popular». Se ha realizado a través de fotografías de época, y se muestra vestida con pañuelo, mandil y cintas cuajadas de lentejuelas, así como con mantón de Manila, cuya elaboración artesanal merece una mención especial, pues ha sido pintado por la artista zamorana Mer Fidalgo.
Los seis nuevos Gigantes de Toro permanecerán guardados y expuestos en la Capilla del Hospital de la Cruz, donde toresanos y visitantes podrán admirarlos a lo largo de todo el año.
Fotos Marisol Cámara


































